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El deporte que nunca dejó de jugarse en Juárez: así sigue creciendo el sóftbol fronterizo

Hay deportes que aparecen en los reflectores solo cuando hay un campeonato importante.

Y luego está el sóftbol.

Ese deporte que, aunque pocas veces haga ruido en redes sociales, lleva décadas reuniendo a cientos de juarenses cada semana en diamantes repartidos por toda la ciudad.

Porque si alguna vez has pasado por los campos deportivos un sábado o un domingo, seguramente has visto lo mismo: familias completas bajo las gradas, hieleras llenas, música sonando de fondo y jugadores esperando su turno para entrar al campo.

El sóftbol forma parte de la identidad deportiva de Ciudad Juárez desde hace generaciones.

Su crecimiento ha estado ligado al desarrollo de las ligas municipales, universitarias y empresariales, que durante años han permitido que niñas, niños, jóvenes y adultos encuentren un espacio para practicar este deporte. Hoy la ciudad cuenta con una de las comunidades softboleras más activas del estado de Chihuahua.

Una de las organizaciones que ha mantenido viva esta tradición es la Liga Municipal de Sóftbol de Ciudad Juárez, que organiza torneos en distintas categorías, tanto en la rama femenil como varonil. A lo largo del año también se realizan campeonatos infantiles, juveniles, recreativos y de veteranos, demostrando que el deporte no entiende de edades.

Pero quizá lo más bonito del sóftbol juarense ocurre fuera del marcador.

Porque aquí muchas familias completas juegan.

Es común encontrar al papá en un equipo, a la mamá en otro y a los hijos entrenando en categorías infantiles. Incluso hay generaciones enteras que crecieron en los mismos campos y que hoy continúan la tradición con sus propios hijos.

Eso convierte al sóftbol en mucho más que una competencia.

Se vuelve un punto de reunión.

Un lugar donde los fines de semana significan convivir, echar porras, compartir comida y pasar varias horas viendo jugar a amigos y familiares.

Además, Ciudad Juárez ha sido sede de importantes torneos estatales y nacionales que reúnen equipos provenientes de distintos municipios e incluso de otros estados, fortaleciendo el nivel competitivo de los jugadores locales y posicionando a la frontera como una plaza importante para este deporte.

La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez también ha contribuido al desarrollo del sóftbol mediante sus equipos representativos, impulsando a jóvenes deportistas que posteriormente participan en competencias universitarias de alto nivel.

Y aunque el béisbol suele llevarse buena parte de los reflectores, el sóftbol ha sabido construir su propio espacio.

Con partidos más dinámicos, una comunidad muy unida y un ambiente familiar que hace que cualquiera pueda acercarse por primera vez y sentirse parte del juego.

Quizá por eso quienes juegan sóftbol rara vez hablan únicamente del deporte.

Hablan de los amigos que hicieron.

De los torneos que recuerdan.

De las desveladas antes de una final.

Y de esas mañanas donde el uniforme ya estaba listo desde un día antes porque sabían que el fin de semana tocaba salir al diamante.

Porque en Juárez, el sóftbol no solamente se juega.

Se hereda.

Y mientras sigan existiendo ligas, familias que llenan las gradas y jugadores dispuestos a defender los colores de su equipo, este deporte seguirá demostrando que, aunque a veces pase desapercibido, forma parte del corazón deportivo de la ciudad.

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