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Ir al Centro de Juárez con tiempo sigue siendo uno de esos planes que casi siempre terminan dando para más

A veces para ir al Centro necesitas una excusa.

Que ocupas comprar algo, que quieres ir por comida, que tienes una vuelta pendiente o que alguien te dijo que ahí lo encuentras más barato. Vas por eso y ya estando ahí empiezas a caminar, ves un negocio, luego otro, se te antoja algo y cuando acuerdas llevas un buen rato dando vueltas.

Porque esa es una de las ventajas del Centro de Juárez: no necesitas tener un itinerario.

Puedes empezar por la 16 de Septiembre, caminar hacia la avenida Juárez, meterte por alguna de las calles comerciales y simplemente ir viendo qué encuentras. Hay ropa, zapatos, accesorios, electrónicos, puestos, dulces y negocios que probablemente no visitarías si no pasaras justo enfrente.

Obviamente también existe el riesgo de entrar “nomás a ver”.

Ese nunca termina bien.

Vas buscando una funda para el celular y sales con la funda, unos lentes, algo que costaba cincuenta pesos y otra cosa que ni siquiera sabías que necesitabas hasta que la viste.

Pero también está el otro Centro.

El de ir específicamente a buscar algo porque alguien te dijo:

“En el Centro lo encuentras.”

Y casi siempre empieza la investigación.

“¿Dónde?”

“Por la Velarde.”

“¿Pero dónde?”

“Ahí por donde venden telas.”

Gracias por la precisión.

De alguna manera terminas encontrándolo.

Y después de caminar varias cuadras obviamente toca comer.

Ahí tampoco necesitas complicarte demasiado. Hay tacos, burritos, tortas, comida corrida, puestos y negocios que llevan años alimentando a la gente que trabaja, compra o simplemente anda dando la vuelta por la zona.

Además, puedes aprovechar para conocer lugares que probablemente has visto toda la vida sin realmente detenerte.

Está la Misión de Guadalupe, por ejemplo, fundada en el siglo XVII y directamente relacionada con el origen de lo que después se convertiría en Ciudad Juárez. Al lado está Catedral y, caminando por la zona, eventualmente llegas al Mercado Juárez, que fue inaugurado en 1946.

Y sí, probablemente has pasado por ahí muchísimas veces.

Pero una cosa es pasar en el carro y otra caminarlo.

También puedes encontrarte con Tin Tan. Su estatua está junto al Mercado Juárez y no está ahí nomás porque sí: Germán Valdés vivió parte de su juventud en esta ciudad y fue precisamente en la frontera donde empezó a desarrollar al pachuco que después lo haría famoso en todo México.

Sigues caminando y llegas a la avenida Juárez, donde todavía está el Kentucky Club, abierto desde 1920.

Eso también está medio loco cuando lo piensas.

Puedes estar comprando algo completamente equis y diez minutos después pasar frente a un lugar que lleva más de cien años ahí.

Y quizá por eso el Centro sigue teniendo algo que otras zonas de la ciudad no pueden replicar tan fácilmente.

Todo está mezclado.

No tienes que escoger entre “vamos de compras”, “vamos a comer” o “vamos a conocer algo”.

Puedes hacer las tres.

Y además está toda la gente que hace que el Centro se sienta como el Centro.

Los vendedores hablando desde los locales, quienes van cruzando cargados de bolsas, gente que trabaja por ahí, turistas que llegan desde El Paso, alguien preguntando una dirección y probablemente otra persona que lleva media hora buscando dónde dejó estacionado el carro.

Porque tampoco vamos a fingir.

Ir al Centro tiene sus detallitos.

Encontrar estacionamiento puede poner a prueba amistades, el tráfico no siempre coopera y hay partes que definitivamente necesitan más cuidado.

Pero aun con todo eso, sigue siendo uno de esos lugares donde vale la pena ir sin tanta prisa.

No necesariamente necesitas un evento.

Ni una fecha especial.

Ni gastar muchísimo.

A veces basta con ir por algo de comer y caminar.

Entrar a lugares.

Ver qué cambió.

Volver a algún negocio que conocías.

Descubrir uno nuevo.

Y probablemente terminar comprando alguna cosa que jamás estuvo contemplada.

Porque puedes decir que vas al Centro “nomás por una vuelta”.

Pero ya estando ahí…

pues hay que aprovechar.

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