Inicio / Sin categoría / Hay pequeños milagros en Juárez y encontrar una ruta casi vacía definitivamente es uno de ellos

Hay pequeños milagros en Juárez y encontrar una ruta casi vacía definitivamente es uno de ellos

Hay días buenos y luego están esos días en los que llegas a la parada, ves venir tu ruta y descubres algo que inmediatamente despierta la sospecha.

Se ve vacía.

No quieres emocionarte todavía porque conoces perfectamente cómo funciona esto. Puede ser un efecto óptico. Quizá todos vienen amontonados en la parte de atrás. Tal vez en cuanto abra la puerta descubrirás que no cabe ni una mochila más.

Pero se detiene.

Abre la puerta.

Subes.

Y ahí están.

Asientos vacíos.

Muchos.

Por un momento hasta parece que te equivocaste de camión.

Porque para cualquiera que utiliza constantemente el transporte público en Ciudad Juárez, encontrarse una ruta con poca gente puede sentirse como haber recibido un pequeño premio completamente inesperado.

No importa que el recorrido sea exactamente el mismo.

La experiencia cambia.

De repente puedes escoger dónde sentarte en lugar de aceptar el primer espacio disponible. Puedes acomodar tu mochila sin abrazarla durante todo el camino, estirar un poquito las piernas y hasta elegir estratégicamente entre ventana o pasillo.

Y si encuentras asiento junto a una ventana…

Ese día definitivamente alguien allá arriba te quiere.

Porque normalmente subir a una ruta también implica desarrollar ciertas habilidades que nadie incluyó en la descripción del servicio.

Aprendes a mantener el equilibrio mientras el camión avanza.

A encontrar espacios donde aparentemente no existen.

A moverte cuando alguien necesita bajar.

A detectar desde varios metros antes cuándo se está desocupando un asiento y decidir, en cuestión de segundos, si vale la pena intentar llegar hasta él.

Hasta existe ese momento de solidaridad silenciosa cuando alguien que lleva más tiempo de pie finalmente consigue sentarse.

No hace falta decir nada.

Todos entendemos la victoria.

Por eso encontrarte un camión casi vacío cambia hasta el estado de ánimo.

Lo que normalmente sería solamente el trayecto entre la escuela, el trabajo y la casa se convierte durante unos minutos en un pequeño descanso.

Puedes mirar por la ventana.

Escuchar música.

Pensar.

O simplemente disfrutar el extraño lujo de no tener que preocuparte por dónde colocar los brazos.

Lo curioso es que tampoco dura mucho la confianza.

En cada parada aparece el mismo pensamiento:

“Que no se suba mucha gente.”

Dos personas.

Todo bien.

Tres más.

Todavía aguantamos.

Seis.

Ya comenzó.

Y entonces entiendes que probablemente aquella tranquilidad tenía fecha de caducidad.

Porque el transporte público forma parte de la rutina diaria de miles de juarenses. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2023, el transporte público tipo autobús urbano fue utilizado por una parte importante de la población adulta en Chihuahua, y en una ciudad extendida como Juárez estos recorridos forman parte indispensable de la movilidad cotidiana.

Pero detrás de las estadísticas existe toda una experiencia que solo comprende quien utiliza las rutas todos los días.

El camión no es únicamente la manera de llegar.

Es el lugar donde alguien termina una tarea antes de entrar a clases.

Donde un trabajador aprovecha unos minutos para descansar después de su turno.

Donde se reconocen caras aunque nadie conozca sus nombres.

Donde aprendes exactamente cuánto falta para tu parada sin necesidad de mirar el mapa.

Y también donde cualquier pequeño detalle puede cambiar completamente tu mañana.

Que llegue rápido.

Que encuentres asiento.

Que no haya demasiado tráfico.

Que justo cuando pensabas que tendrías que ir parado durante todo el recorrido aparezca un lugar disponible.

Son cosas pequeñas.

Pero cuando forman parte de tu rutina diaria empiezas a apreciarlas muchísimo.

Quizá por eso subir a una ruta vacía produce una felicidad tan específica.

No ganaste dinero.

No te regalaron nada.

No ocurrió algo extraordinario.

Simplemente vas cómodamente sentado rumbo al mismo lugar al que ibas ayer.

Pero en una ciudad donde muchos trayectos pueden ser largos y el transporte forma parte inevitable del día de miles de personas, a veces eso es suficiente para empezar la mañana de buenas.

Así que si alguna vez llegas a la parada, ves venir tu camión y descubres varios asientos vacíos, no hagas demasiadas preguntas.

Sube.

Escoge la ventana.

Disfruta el momento.

Porque nunca sabes cuándo te volverá a tocar uno de esos pequeños milagros juarenses.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *