Hay cosas que uno ya sabe… pero que igual duelen tantito cuando alguien las dice en voz alta.
Juan Gabriel falleció el 28 de agosto de 2016.
Sí.
Ya sabemos.
Gracias, pero no era necesario recordarlo otra vez.
Porque en Ciudad Juárez pasa algo raro: uno jura que el Divo nunca se fue del todo. Está en las fiestas, en los carros con bocinas a todo volumen, en los murales, en el “ya siéntate, mijo” de alguna tía mientras suena Amor Eterno.
Y de repente… pum.
Te acuerdas.
Ya no está.
Pero luego viene el giro emocional juarense: el señor no solo vivió aquí… nos presumió.
Y no poquito.
En 1984 sacó “Juárez es el No. 1” y básicamente dijo: “esta frontera es la más fabulosa y bella del mundo”.
O sea… imagínate.
Uno peleándose en redes defendiendo Juárez y Juan Gabriel ya lo había resuelto desde los 80s con una canción.
Fin del debate.
Y no fue la única vez que anduvo de romántico fronterizo.
También le cantó a Juárez en varias ocasiones, mencionó el Noa Noa (ese lugar que ya es más mito que edificio) y convirtió a la ciudad en parte de su universo musical. Como si Juárez fuera un personaje fijo en su discografía, con crédito especial y todo.
Por eso aquí pasa algo curioso:
En otros lados lo escuchan.
Aquí lo ubicamos.
“Ah, esa canción es de cuando andaba por la Juárez de antes.”
“Esa línea es del Noa Noa.”
“Esa otra seguro la escribió después de no sé qué noche en la frontera…”
Y así, sin querer, uno termina haciendo geografía emocional con sus canciones.
Porque sí: en Juárez su música no solo se escucha… se recorre.
Podemos pasar por el Museo Juan Gabriel, ver su casa, caminar calles que aparecen en historias que ya son casi leyenda urbana con soundtrack incluido.
Es como si su discografía viniera con mapa.
Y entre todo eso, hay una frase que se quedó pegada como chicle en zapato nuevo:
“Juárez es el número uno.”
No “me gusta”.
No “le tengo cariño”.
No.
Número uno.
Así, sin anestesia.
Y eso, la verdad, pesa.
Porque no cualquiera te dice eso y lo deja grabado para siempre.
Juan Gabriel nació en Michoacán, sí, pero Juárez fue su escuela, su escenario, su caos bonito, su inspiración y su punto de partida. Aquí se formó el artista que después llenó estadios en medio mundo.
Y lo más loco es esto:
Mientras él se volvía gigante, Juárez se le quedaba en la voz.
Cada vez que alguien canta Noa Noa, ahí está la ciudad.
Cada vez que suena una canción de frontera, ahí estamos nosotros.
Y cada vez que alguien dice “Juárez es el número uno”… bueno, ya sabemos de quién aprendió eso.
Por eso recordarlo es raro.
Da tristeza, sí.
Pero también da orgullo.
Porque no todos los lugares pueden presumir que un ícono mundial los convirtió en canción.
Y mucho menos que los haya puesto en primer lugar sin que nadie se lo pidiera.
Así que sí…
De vez en cuando alguien va a decir que Juan Gabriel ya no está.
Nos vamos a agüitar un poquito.
Vamos a poner una canción “nomás tantito”.
Y sin darnos cuenta ya vamos a estar cantando a todo pulmón.
Porque al final, el Divo pudo haber hablado de cualquier lugar del mundo…
pero eligió Juárez.
Y eso, la verdad…
no se supera.









