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Hay sonidos en Juárez que ya ni siquiera interrumpen la conversación

Estás platicando tranquilamente con alguien.

Puede ser afuera de la casa, caminando por la calle, esperando algo o simplemente echando chisme en algún estacionamiento. La conversación va perfectamente normal hasta que, a lo lejos, empieza a escucharse una sirena.

Primero bajito.

Luego más cerca.

Y de repente pasa una patrulla a toda velocidad con las luces encendidas y la sirena haciendo imposible escuchar cualquier otra cosa.

Durante unos segundos nadie habla.

Esperan.

La patrulla pasa.

Y entonces ocurre una de esas cosas que probablemente hacemos más de lo que pensamos:

“Bueno, como te decía…”

Y continúa la conversación exactamente en el punto donde se quedó.

Sin preguntas.

Sin investigar qué pasó.

Sin siquiera voltear demasiado.

Porque después de vivir suficiente tiempo en una ciudad grande y con tanto movimiento como Juárez, ciertos sonidos simplemente empiezan a formar parte del paisaje.

Las sirenas son uno de ellos.

Obviamente, detrás de una patrulla que circula con códigos encendidos puede existir una emergencia real y siempre hay que facilitarle el paso. Pero para quien solamente está sentado platicando a un lado de la calle, muchas veces la reacción dura exactamente lo que tarda el vehículo en desaparecer.

Y eso resulta bastante curioso.

Porque alguien que no está acostumbrado probablemente escucharía la sirena y preguntaría inmediatamente:

“¿Qué pasó?”

El juarense muchas veces piensa:

“Quién sabe.”

Y sigue con el chisme.

No necesariamente porque no importe lo que sucede alrededor, sino porque sería imposible detener el día cada vez que algo ocurre en una ciudad de este tamaño. Ambulancias, patrullas, camiones de bomberos, tráfico, cláxones, trenes, aviones y hasta uno que otro vecino haciendo más ruido del necesario terminan construyendo el soundtrack cotidiano de Juárez.

Después de un tiempo, el cerebro aprende a separar lo que necesita nuestra atención de lo que simplemente está pasando cerca.

Quizá por eso existen conversaciones que sobreviven cosas bastante impresionantes.

Una patrulla pasa hecha la raya.

Todos guardan silencio tres segundos.

“¿En qué iba?”

“En que te dijo que no iba a ir.”

“¡Ah, sí!”

Y regresamos inmediatamente al asunto verdaderamente importante.

Hasta resulta gracioso pensar en la cantidad de historias que han sido interrumpidas por una sirena y retomadas exactamente en la misma palabra unos segundos después.

Es uno de esos pequeños comportamientos que difícilmente notas hasta que alguien lo señala.

Porque vivir en Juárez también significa acostumbrarse al movimiento de una ciudad que rara vez está completamente en silencio. Siempre hay algo pasando, alguien llegando, alguien saliendo y algún sonido atravesando la conversación.

Claro que si una situación ocurre frente a nosotros, cambia completamente la cosa. Pero cuando solamente vemos las luces pasar rápidamente por la avenida, muchas veces aceptamos que probablemente nunca sabremos hacia dónde iban.

Y está bien.

La patrulla seguirá su camino.

La sirena desaparecerá unas cuadras adelante.

La ciudad continuará haciendo ruido.

Y nosotros tendremos asuntos muchísimo más urgentes que resolver.

Como terminar de contar el chisme que tuvo la audacia de interrumpir.

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