Hay esquinas de Ciudad Juárez por las que podemos pasar cientos de veces sin preguntarnos demasiado qué sucede detrás de sus puertas.
Insurgentes y Constitución puede ser una de ellas.
Entre el tráfico, los negocios, las rutas y el movimiento cotidiano de la colonia El Barreal se encuentra el Asilo de Ancianos Desamparados A.C., un espacio que desde 2017 recibe y cuida a adultos mayores que, por diferentes circunstancias, necesitan un lugar donde vivir.
Y actualmente necesita algo bastante sencillo de explicar:
más manos juarenses.
Porque mantener funcionando una casa donde viven decenas de adultos mayores significa resolver necesidades todos los días.
No una vez al mes.
Todos los días.
Hay que preparar alimentos, limpiar, lavar ropa, apoyar con el aseo personal, realizar curaciones, administrar cuidados y acompañar a residentes que en algunos casos necesitan ayuda incluso para caminar, comer o bañarse.
Y después, mañana, volver a empezar.
La institución se sostiene principalmente gracias a donaciones de la comunidad y al trabajo de un equipo reducido de cuidadores y voluntarios. Algunos de sus residentes llegaron después de vivir situaciones de abandono o calle; otros han sido canalizados por hospitales, autoridades o instituciones de asistencia.
Detrás de cada caso hay una historia diferente.
Pero todos terminan compartiendo necesidades bastante parecidas.
Comida.
Agua.
Higiene.
Cuidados.
Compañía.
Este mismo septiembre el asilo volvió a pedir apoyo a Ciudad Juárez. Entre lo que actualmente se necesita hay fruta, verdura, agua embotellada, Ensure y productos de despensa.
En llamados anteriores también han solicitado pañales, leche, huevo, cereal, artículos de higiene personal y productos de limpieza.
Y quizá al leer una lista así aparece inmediatamente esa sensación de:
“Yo no puedo ayudar con demasiado.”
Pero justamente ahí está algo importante.
No necesariamente tienes que poder con demasiado.
Una bolsa de arroz sigue siendo una bolsa de arroz.
Un paquete de pañales sigue resolviendo una necesidad.
Unas botellas de agua se utilizan.
Fruta y verdura se comen.
Cuando muchas personas aportan algo pequeño, ese “poquito” deja de ser tan poquito.
De hecho, este año organizaciones y grupos de la ciudad ya se han sumado. En julio, por ejemplo, CANACO Juárez entregó 11 colchonetas y kits de higiene personal para apoyar las necesidades del lugar.
Pero un asilo no deja de necesitar cosas después de recibir una donación.
Las personas comen mañana otra vez.
Los productos de limpieza se terminan.
Los pañales se acaban.
La despensa baja.
Por eso el apoyo comunitario tiene que continuar.
Y existe otra forma de ayudar que ni siquiera cabe dentro de una bolsa del súper.
Tiempo.
El propio asilo ha pedido voluntarios para convivir y apoyar en diferentes actividades, porque cuidar también significa acompañar.
Sentarse.
Platicar.
Escuchar una historia que probablemente ya contaron varias veces.
Compartir un rato.
Para algunos residentes, especialmente aquellos que reciben pocas visitas, esa compañía también puede cambiar completamente una tarde.
A veces pensamos que ayudar necesita convertirse en una enorme campaña para realmente importar.
Pero quizá no.
Tal vez puede empezar la próxima vez que hagamos el súper y agreguemos una cosa más al carrito.
O cuando tengamos ropa en buenas condiciones que alguien pueda utilizar.
O cuando un grupo de amigos, compañeros de trabajo o familia decida juntar productos entre todos.
El Asilo de Ancianos Desamparados está ahí, en Constitución e Insurgentes, formando parte de la misma ciudad que recorremos diariamente.
Y dentro hay personas que necesitan que esa ciudad también voltee hacia ellas.
Porque Juárez suele presumir algo bastante seguido: que cuando alguien necesita ayuda, aquí sabemos hacer comunidad.
Esta es una de esas oportunidades para demostrarlo.
No necesitas llegar con una camioneta llena.
No necesitas resolver todas las necesidades del lugar.
Puedes llevar despensa.
Productos de higiene.
Agua.
Fruta.
Verdura.
O simplemente preguntar qué hace falta esa semana.
Porque ayudar a mantener un hogar así no depende de que aparezca una sola persona capaz de dar muchísimo.
Depende de que aparezcan muchas dispuestas a dar algo.
Y quizá la próxima vez que pases por Insurgentes y Constitución ya no veas solamente otra esquina de Juárez.
Vas a saber que ahí dentro hay una casa llena de historias.
Y que algunas todavía necesitan compañía.









