Inicio / humor / Todos salen a correr en Juárez pero definitivamente no todos están haciendo el mismo deporte

Todos salen a correr en Juárez pero definitivamente no todos están haciendo el mismo deporte

En teoría, correr es bastante sencillo.

Te pones tenis.

Sales.

Corres.

Fin.

Pero basta visitar un parque, una pista o encontrarte algún grupo de runners en Ciudad Juárez para descubrir que aparentemente existen muchísimas maneras diferentes de hacer exactamente lo mismo.

Primero está esa persona que solamente quería “empezar a correr”.

Muy inocente.

Se compró unos tenis, salió un día y completó sus primeros kilómetros sintiéndose bastante orgullosa.

Dos semanas después ya utiliza palabras como pace, recuperación, intervalos y zona dos.

Se perdió.

Ya es runner.

Y probablemente ahora tenga una aplicación que sabe más sobre su corazón que su propia familia.

Porque correr tiene esa capacidad de escalar peligrosamente rápido. Empiezas diciendo que quieres hacer un poquito de cardio y eventualmente estás despertando un domingo antes de que salga el sol para pagar voluntariamente por correr diez kilómetros.

Eso desde afuera necesita explicación.

Pero dentro de la comunidad tiene perfecto sentido.

También existe el runner que convierte cualquier entrenamiento en competencia.

Tú ibas tranquilamente.

No estabas compitiendo con nadie.

Hasta que alguien te rebasa.

Ah.

Entonces cambió la situación.

No sabes quién es.

Probablemente jamás volverás a verlo.

Pero durante los siguientes 800 metros ese desconocido se convierte en tu rival histórico.

Empiezas a acelerar discretamente para que no parezca que estás intentando alcanzarlo.

Él probablemente ni sabe que existes.

No importa.

Esto ya es personal.

Del otro lado está quien realmente sí corre tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Puede llevar cinco kilómetros platicando como si estuviera sentado tomando café mientras tú vas a su lado reconsiderando todas las decisiones que te llevaron hasta ahí.

“¿Todo bien?”

Sí.

Perfectamente.

Nada más estoy viendo una luz blanca.

Y por supuesto está el runner social.

Su entrenamiento empieza aproximadamente veinte minutos antes de correr porque tiene que saludar a todos.

Conoce al señor de la gorra.

A la muchacha que corre los martes.

Al grupo que entrena para el medio maratón.

Al de la bicicleta.

Probablemente también al perro que siempre pasa por ahí.

Para esa persona correr es ejercicio, sí, pero también es evento social.

Si hizo cinco kilómetros y no platicó con alguien, prácticamente no cuenta.

Luego tenemos al equipado.

Ese corredor parece preparado para atravesar Chihuahua completo aunque solamente vaya a dar dos vueltas.

Reloj deportivo.

Audífonos.

Cinturón.

Lentes.

Gorra.

Calcetas específicas.

Tenis que definitivamente investigó durante tres semanas antes de comprar.

Mientras tanto, a dos metros está un señor corriendo con una playera de una carrera de 2009 y unos shorts que han sobrevivido cuatro administraciones municipales.

Y probablemente va más rápido que todos.

Respeto.

Correr en Juárez también agrega sus propios pequeños desafíos.

El clima puede convertir una salida sencilla en negociación. Durante el verano toca escoger horarios donde el sol no esté intentando eliminarte y, cuando aparece el famoso aire juarense, cualquier entrenamiento puede convertirse en resistencia con tierra incluida.

Vas corriendo contra el viento sintiendo que no avanzas absolutamente nada.

Das vuelta.

Ahora prácticamente vuelas.

Récord personal patrocinado por Chihuahua.

Pero quizá lo más divertido ocurre cuando empiezas a reconocer a las mismas personas.

No sabes sus nombres.

Nunca han hablado.

Pero llevan meses coincidiendo.

Eventualmente aparece el pequeño saludo con la cabeza.

Eso ya es amistad runner.

No necesitamos apresurarnos.

Y entre todos estos personajes también existe quien apenas está empezando, quien corre rapidísimo, quien combina correr y caminar, quien está preparando una competencia y quien simplemente salió porque necesitaba despejar la cabeza.

Todos pueden compartir exactamente el mismo espacio.

Ahí está lo bonito.

No necesitas correr a cierto ritmo para salir.

No necesitas verte como runner.

Ni siquiera necesitas tener perfectamente claro qué estás haciendo.

Puedes empezar con diez minutos.

Eventualmente encontrarás tu propia forma.

Aunque hay que advertir algo.

Hoy dices:

“Nomás voy a salir a trotar.”

Y en unos meses puedes estar a las seis de la mañana, poniéndote un número en el pecho y diciéndole emocionadísimo a alguien:

“Hoy toca suave, nomás diez kilómetros.”

Ahí ya no hay regreso.

Felicidades.

Te convertiste en uno de ellos.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *