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Hay una palabra que solamente necesitas decir para saber que eres de la frontera

Hay palabras que no necesitan demasiada explicación cuando vives en Ciudad Juárez.

Puedes estar organizando cualquier plan y alguien simplemente dice:

“Vamos al Chuco.”

Listo.

Todos saben hacia dónde.

Nadie abre Google Maps buscando una ciudad llamada así, nadie pregunta en qué estado queda y mucho menos necesitamos aclarar que estamos hablando de El Paso, Texas.

Pero si lo pensamos detenidamente, está medio raro.

¿Cómo terminamos llamando “El Chuco” a una ciudad que oficialmente no tiene absolutamente nada de Chuco en el nombre?

Aquí empieza lo interesante.

Porque no existe una explicación histórica completamente aceptada sobre el origen del apodo. Hay varias teorías que llevan décadas pasando entre generaciones de ambos lados de la frontera y, dependiendo de a quién le preguntes, probablemente escucharás una diferente.

Una de las más famosas empieza con algo tan sencillo como unos zapatos.

La historia cuenta que en El Paso existía una compañía identificada como “Shoe Co.” y que trabajadores o compradores mexicanos que cruzaban desde Juárez comenzaron a referirse a sus viajes diciendo que iban “pa’l Shoe Co.”.

Ahora dilo varias veces rápido.

Shoe Co.

Chuco.

Según esta versión, el inglés terminó pasando por el maravilloso filtro del español fronterizo hasta que “voy pa’l Shoe Co.” se transformó en “voy pa’l Chuco”.

Y eventualmente el apodo dejó de señalar al supuesto negocio y terminó nombrando prácticamente a toda la ciudad.

¿Problema?

La historia está buenísima, pero no existe suficiente documentación para asegurar que ocurrió exactamente así.

También está la teoría de “chueco”.

Algunas versiones relacionan el nombre con esa palabra y con cruces, trabajos o actividades realizadas fuera de las reglas durante las primeras décadas del siglo XX. Con el uso fronterizo, “chueco” habría terminado transformándose en “Chuco”.

Y justo cuando creemos que ya entendimos, aparecen los pachucos.

El Paso y Ciudad Juárez fueron escenarios importantísimos para el desarrollo de la cultura pachuca durante las décadas de 1930 y 1940. Jóvenes mexicoamericanos construyeron una identidad propia alrededor de la ropa, el lenguaje, la música y una manera muy particular de habitar ambos lados de la frontera.

Entonces aparece otra explicación.

Si alguien iba…

“Pa’l Chuco.”

Pa’ Chuco.

Pachuco.

Sí.

También existe esa teoría.

Investigaciones de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez han recogido esta relación entre el apodo de El Paso y la posible formación de la palabra “pachuco”, aunque existe un pequeño inconveniente bastante divertido:

tampoco sabemos con absoluta certeza de dónde salió “pachuco”.

Intentamos resolver una palabra y terminamos con dos misterios.

Muy eficiente.

Lo que sí está mucho mejor documentado es que “El Chuco” lleva décadas relacionado con la identidad de El Paso y con la cultura fronteriza. El término sobrevivió lo suficiente para aparecer actualmente en negocios, ropa, música, eventos y diferentes expresiones culturales del lado estadounidense.

Y en Juárez ni siquiera necesita presentación.

Aquí “ir al Chuco” forma parte del mismo diccionario no oficial donde existen expresiones como “ir al otro lado”.

¿Otro lado de qué?

Tú sabes.

La frontera tiene esa capacidad de crear un lenguaje que a veces solamente entendemos quienes vivimos alrededor de ella.

Mezclamos inglés y español.

Acortamos palabras.

Cambiamos pronunciaciones.

Adoptamos expresiones del vecino.

Y después de repetirlas durante suficientes años olvidamos que en algún momento tuvieron que empezar.

Quizá por eso resulta tan difícil encontrar el nacimiento exacto de “El Chuco”.

Las palabras populares rara vez esperan a que alguien las documente antes de empezar a viajar.

Pasan de trabajadores a familias.

De una generación a otra.

Cruzan el puente.

Regresan.

Cambian un poquito.

Hasta que eventualmente nadie necesita saber de dónde vienen para entender perfectamente qué significan.

Así que quizá sí nació de “Shoe Co.”.

Tal vez viene de “chueco”.

O posiblemente la explicación real quedó perdida entre décadas de conversaciones fronterizas.

Lo importante es que funcionó.

Tan bien que hoy puedes estar en cualquier parte de Juárez, decir solamente:

“Voy al Chuco.”

Y nadie necesita preguntar hacia dónde.

Lo verdaderamente complicado viene después.

Saber cuánto vas a hacer de puente.

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