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Hay juarenses que sobreviven cada verano y todavía tienen el descaro de decir que prefieren el calor

En Ciudad Juárez existe un tipo de persona que merece ser estudiada.

Llega el verano, el sol está cayendo directamente sobre nosotros, el carro lleva media hora convirtiéndose en horno y alguien, con toda la tranquilidad del mundo, dice:

“Yo prefiero el calor.”

¿Cómo?

No estamos hablando de una persona que vive en una ciudad donde 28 grados ya se consideran un día pesado. Estamos hablando de alguien que vive aquí. Que ha sentido el aire caliente pegarle en la cara. Que alguna vez ha intentado agarrar el volante después de dejar el carro estacionado bajo el sol.

Y aun así es team calor.

Hay que respetar la convicción.

Porque el calor juarense tampoco llega discretamente. Hay días donde salir de un lugar con aire acondicionado se siente como abrir la puerta del horno para revisar la comida, nada más que ahora tú eres la comida.

Empieza desde que sales de casa.

Uno aprende rápidamente que encontrar estacionamiento con sombra vale más que encontrarlo cerca. Ves un espacio vacío enfrente de la entrada y otro bastante más lejos debajo de un árbol y ni siquiera lo piensas.

Ese árbol es propiedad privada durante las próximas dos horas.

Luego están las pequeñas cosas que solamente recuerdas cuando vuelve el calor. El cinturón quemando. El asiento cuando traes shorts. El primer aire que sale del clima del carro y que, en lugar de ayudarte, parece decirte:

“¿Querías más calor?”

Gracias.

Y en medio de todo esto aparece nuevamente nuestro amigo.

“Es que a mí me gusta más así.”

Pero hay que escucharlo, porque el team calor tiene argumentos.

Dicen que prefieren ponerse ropa ligera en lugar de cargar chamarras. Que los días duran más, que pueden salir en la tarde, que hay albercas, bebidas frías, carne asada y que no tienen que pasar diez minutos esperando a que el carro se caliente para querer salir.

Bueno.

Puntos válidos.

Hasta que son las tres de la tarde y tienes que hacer una vuelta.

Ahí queremos ver ese amor.

Porque disfrutar el verano desde una terraza con sombra y algo frío en la mano es facilísimo. El verdadero team calor se demuestra cuando tienes que atravesar un estacionamiento enorme bajo el sol porque no encontraste lugar cerca.

Sin quejarte.

Nada de “qué perro calor”.

Tú escogiste este equipo.

Comprométete.

Aunque siendo justos, quizá vivir en Juárez también hace que desarrollemos cierta tolerancia. Sabemos buscar sombra, cargar agua, evitar algunas horas y aceptar que durante ciertos meses el aire acondicionado deja de ser comodidad para convertirse prácticamente en miembro de la familia.

También sabemos aprovechar lo bueno.

Las tardes largas.

Los atardeceres.

Salir cuando finalmente baja el sol.

Una carne asada que empieza justo cuando la temperatura deja de sentirse como amenaza.

Ese primer airecito de la noche que después de todo el día sabe a gloria.

Tal vez ahí entendemos un poquito al team calor.

Poquito.

Porque el frío juarense tampoco juega limpio. Aquí puedes estar quejándote en julio porque hace demasiado calor y unos meses después salir de casa completamente envuelto preguntándote por qué deseaste que llegara el invierno.

Somos así.

Nunca estamos satisfechos.

Quizá el verdadero deporte juarense no sea escoger entre calor o frío.

Es defender uno durante seis meses y arrepentirse cuando finalmente llega.

En enero queremos verano.

En julio queremos invierno.

Y durante esas dos semanas mágicas donde la temperatura está perfecta, todos coincidimos:

“Así debería estar siempre.”

Pero inevitablemente alguien rompe la paz.

“Nel, yo sí prefiero que haga calor.”

Está bien.

Cada quien.

Solamente recuerda tus palabras la próxima vez que abras un carro que lleva dos horas estacionado bajo el sol.

Cuando el asiento te queme.

Cuando el volante no se pueda tocar.

Cuando prendas el clima y salga fuego durante los primeros segundos.

Ese día no queremos escuchar ninguna queja.

Porque en Juárez cualquiera puede decir que es team calor.

Lo difícil…

es sostenerlo en julio.

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