Imagínate que vas por la Óscar Flores en un día completamente normal. Tráfico, semáforos, alguien intentando cambiarse de carril en el último segundo y tú pensando en tus problemas cuando, de repente, volteas hacia un lado.
Ahí está.
Rayo McQueen.
Bueno… más o menos.
Tiene el rojo, los rayos, el número 95 y toda la actitud del famoso corredor de Cars, pero existe una pequeña diferencia que probablemente nadie en Radiador Springs tenía contemplada: este es un bochito.
Y no es solamente uno de esos carros modificados que aparecen en internet y desaparecen después. Este Volkswagen Sedán modelo 1972 realmente circula por Ciudad Juárez y detrás de él hay una historia familiar bastante más bonita que simplemente ponerle calcomanías a un carro viejo.
Su dueño es Horacio Serrano, quien encontró el vehículo bastante deteriorado y decidió restaurarlo junto con sus hijos Jesús y Roberto, de 16 y 12 años. Como ellos son fanáticos de las películas de Cars, apareció una pregunta que terminaría cambiando completamente el destino del Volkswagen:
¿Por qué no convertirlo en Rayo McQueen?
Y pues sí.
¿Por qué no?
La transformación tomó aproximadamente 30 días de trabajo entre hojalatería, pintura y detalles estéticos, además de una inversión cercana a los 17 mil pesos. El resultado fue una combinación que curiosamente funciona demasiado bien: uno de los automóviles más reconocibles de México convertido en uno de los automóviles más reconocibles de las películas.
Porque el Vocho también carga con su propia historia. Durante décadas fue parte del paisaje mexicano y todavía hoy basta ver su silueta para reconocerlo inmediatamente. Hay quienes los conservan originales, quienes los restauran y quienes aparentemente despiertan un día y deciden que el suyo necesita convertirse en campeón de la Copa Pistón.
Y agradecemos que alguien haya elegido la tercera opción.
Porque ahora el McQueen juarense puede aparecer en las calles de la ciudad sin demasiado aviso.
No necesitas comprar boleto para una exposición ni esperar algún evento especial. Puedes estar haciendo cualquier vuelta y encontrártelo circulando por la Óscar Flores.
Imagínate explicarle eso a alguien que no conoce Juárez.
“¿Qué viste hoy?”
“Un Rayo McQueen.”
“¿El carro?”
“Sí.”
“¿Como el de la película?”
“Sí.”
“¿Y era un Volkswagen?”
“También.”
No hagas más preguntas.
Además, el carro provoca algo curioso: distintas generaciones pueden emocionarse exactamente por el mismo vehículo, aunque por razones completamente diferentes.
Un adulto puede verlo y pensar:
“Mira, un vochito.”
Mientras un niño probablemente solamente vea:
“¡RAYO MCQUEEN!”
Y los dos tienen razón.
La familia incluso ha permitido que las personas se acerquen a tomarse fotografías con el vehículo cuando existe la oportunidad de hacerlo de manera segura. Porque evidentemente no puedes crear un Vocho McQueen, sacarlo a las calles de Juárez y esperar que nadie quiera una foto.
Pero quizá lo más interesante es que todo empezó con un automóvil deteriorado.
En lugar de dejarlo desaparecer, una familia decidió dedicarle tiempo, trabajo y dinero para regresarlo a las calles de una manera completamente diferente. No volvió exactamente a ser lo que era en 1972.
Se convirtió en algo nuevo.
Y bastante más rápido visualmente, aunque mecánicamente no sabemos.
Porque una cosa es ganar carreras en Radiador Springs y otra muy diferente sobrevivir a Ciudad Juárez.
Queremos verlo agarrar la Tecnológico a las seis de la tarde.
Encontrar estacionamiento en el Centro.
Pasar un bordo que apareció sin señalamiento.
Y esquivar un bache sin perder el número 95.
Ahí veremos si realmente merece la Copa Pistón.
Mientras tanto, hay algo divertido en saber que cualquier día puedes encontrarte este pequeño pedazo de película entre el tráfico juarense.
Rayo McQueen podrá haber nacido en Radiador Springs.
Pero después de andar por la Óscar Flores, aguantar el tráfico y sobrevivir las calles de Juárez…
ese bochito ya se ganó el “Kachow” fronterizo.









