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En medio del Parque Central hay lugares donde basta decir una palabra para sentir que algo cambió

Hay lugares de Juárez que conocemos tan bien que creemos que ya no pueden sorprendernos.

El Parque Central es uno de ellos.

Hemos ido a caminar, a pasar la tarde, a ver a los animales, a hacer ejercicio, a convivir con la familia o simplemente a sentarnos un rato bajo un árbol.

Pero entre todos esos caminos existe algo que fácilmente podría pasar desapercibido.

Un punto en el suelo.

Te colocas exactamente ahí.

Hablas.

Y tu voz ya no suena igual.

No necesitas gritar ni hacer algo especial. Basta decir cualquier palabra para escuchar una especie de resonancia que parece regresar directamente hacia ti.

Das un paso hacia afuera y desaparece.

Regresas al centro y vuelve.

Son los llamados focos tonales del Parque Central Oriente, puntos que han llamado la atención precisamente por el extraño comportamiento del sonido cuando una persona se coloca sobre ellos.

Actualmente se han identificado tres dentro del parque: uno detrás del Gimnasio de Deporte Adaptado, otro cerca de las canchas de béisbol y uno más al sur de la pista de atletismo.

Pero lo interesante empieza después de encontrarlos.

Porque intenta explicarle a alguien que acabas de pararte en medio de un espacio abierto y tu voz sonó como si estuvieras dentro de algún lugar cerrado.

Probablemente no te crea.

Y ahí empieza el debate.

Hay quienes explican la experiencia desde la acústica y la manera en que el sonido puede reflejarse en determinadas condiciones del entorno.

Otros prefieren llevarlo hacia un terreno mucho más misterioso.

Alrededor de los focos tonales existen creencias que los relacionan con puntos de concentración de energía. Algunas personas acuden a ellos para meditar, permanecer en silencio o simplemente experimentar las sensaciones que aseguran percibir mientras están en el centro.

Incluso hay quienes hablan de propiedades relacionadas con el bienestar o la sanación, aunque estas ideas pertenecen al terreno de las creencias personales y no cuentan con evidencia científica que demuestre efectos curativos.

Pero quizá lo mejor de estos lugares es que no necesitas elegir un bando.

Puedes creer que todo tiene una explicación perfectamente lógica.

Puedes pensar que existe algo más.

O puedes simplemente pararte ahí y disfrutar lo raro que se siente.

Porque pocas veces prestamos tanta atención a nuestra propia voz.

Estamos acostumbrados a escucharla todos los días, pero basta que cambie durante unos segundos para que inmediatamente queramos probar otra vez.

Una palabra.

Un aplauso.

Una risa.

Salir del círculo.

Volver a entrar.

Y pedirle a quien viene contigo que haga exactamente lo mismo.

Lo que empezó como una curiosidad termina convirtiéndose en uno de esos pequeños experimentos que probablemente vas a querer enseñarle a alguien más la próxima vez que regreses.

Y eso también dice algo interesante sobre Juárez.

A veces buscamos lugares extraordinarios pensando que tienen que estar lejos, escondidos en alguna montaña o del otro lado de un viaje.

Mientras tanto, hay pequeñas rarezas esperando en lugares por los que pasamos constantemente.

Los focos tonales son una de ellas.

No hace falta decidir si son energía, acústica o misterio.

Lo único necesario es encontrarlos, colocarte exactamente en el punto indicado y hablar.

Lo demás empieza cuando escuchas tu propia voz y, aunque sea durante unos segundos, no parece completamente tuya.

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