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La feria tiene una forma muy curiosa de sacar la personalidad de cada juarense

Hay un momento en el que todos dejamos de actuar como adultos.

Sucede cuando entramos a la feria.

Porque no importa la edad, siempre hay un juego que nos hace pensar la misma frase:

“Esta sí la gano.”

Y ahí empieza todo.

Hay quien está convencido de que nació con una puntería extraordinaria. Se para frente a las latas, toma aire, hace su mejor lanzamiento… y cuando falla, culpa a la pelota, al viento o a que “estaban mal acomodadas”. Cinco minutos después ya compró otro intento porque ahora sí descubrió el truco.

También está el que no puede pasar frente a un paquete sorpresa sin preguntarse qué habrá adentro. Sabe perfectamente que las probabilidades de sacar algo increíble son pocas, pero la curiosidad puede más. Al final, lo de menos es el premio; lo divertido es abrirlo y descubrir si la suerte decidió acompañarlo o simplemente darle una buena historia que contar.

Y, por supuesto, nunca falta el que convierte cualquier puesto en una competencia. No importa si es lanzar un aro, derribar botellas o meter una pelota en un agujero imposible. Lo importante es demostrar que puede hacerlo mejor que los demás. En cuestión de minutos ya hay apuestas de por medio, bromas y esa carrilla tan típica que aparece entre amigos y familia.

Lo curioso es que todos llegan diciendo que solo van a dar una vuelta.

Pero basta escuchar el primer “ándale, inténtalo otra vez” para que el plan cambie por completo.

Porque la feria tiene esa capacidad de sacar el lado más divertido de las personas. El más competitivo, el más curioso, el más insistente… y también el más optimista. Ese que, aunque haya perdido cuatro veces seguidas, sigue convencido de que la siguiente será la buena.

Quizá por eso este tipo de lugares siguen siendo tan especiales en Juárez.

No solo por los juegos mecánicos, los antojitos o las luces.

Sino porque, por unas horas, todos nos damos permiso de emocionarnos por cosas tan simples como tirar una botella, ganar un peluche o descubrir qué venía dentro de una caja misteriosa.

Y, siendo honestos…

Hay pocas cosas más juarenses que salir de la feria con menos dinero del que pensabas gastar, sin el premio que querías… pero con una anécdota que vas a seguir contando durante semanas.

Porque al final, esa siempre termina siendo la verdadera recompensa.

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