Existe una idea muy romántica sobre el arte.
La del artista solitario que, encerrado en su estudio, crea una obra maestra y un día despierta siendo reconocido por todo el mundo.
Suena bien.
Pero la realidad casi nunca funciona así.
Durante una conversación con el músico y compositor juarense Gerry Rosado surgió una reflexión que pocas veces se menciona cuando se habla de procesos creativos: la importancia de construir comunidad entre artistas.
Porque, aunque el talento es indispensable, crecer también implica conectar con otras personas.
Escuchar su trabajo.
Compartir el propio.
Aprender.
Y dejar que exista una retroalimentación honesta.
Para Gerry, vale la pena acercarse a aquellos artistas con quienes realmente existe una afinidad creativa. No por interés o conveniencia, sino porque cuando dos personas comparten ideas, referencias y formas de ver el mundo, suelen surgir conversaciones que terminan enriqueciendo el trabajo de ambos.
Y hoy, las redes sociales han cambiado mucho esa dinámica.
Lo que antes dependía de coincidir en un concierto, una exposición o un foro, ahora puede comenzar con un mensaje, un comentario o una colaboración.
Muchos proyectos nacen precisamente así.
Una canción.
Una ilustración.
Una obra de teatro.
Un podcast.
Una sesión de fotos.
Todo empieza cuando alguien decide acercarse y decir: “Me gustó lo que haces.”
Pero esa conexión también requiere iniciativa.
Porque esperar a que las oportunidades lleguen por sí solas rara vez funciona.
Durante la entrevista, Gerry hablaba de algo que aplica no solo para los artistas, sino para prácticamente cualquier proyecto creativo: tener un rumbo claro.
No basta con reaccionar a lo que aparece en el camino.
También hace falta decidir hacia dónde quieres ir.
Eso significa establecer objetivos, crear un plan, medir avances y concentrar la energía en aquello que realmente depende de uno.
Porque hay una diferencia enorme entre perseguir un sueño… y construir el camino para alcanzarlo.
Muchas veces la frustración aparece cuando ponemos todas nuestras expectativas en cosas que no podemos controlar.
Que alguien nos descubra.
Que una publicación se vuelva viral.
Que llegue una gran oportunidad.
Pero mientras esas variables permanecen fuera de nuestras manos, sí existen otras que dependen completamente de nosotros.
Seguir creando.
Mejorar el trabajo.
Buscar colaboraciones.
Conocer personas.
Aprender algo nuevo.
Compartir procesos.
Y eso, poco a poco, también construye una carrera.
Quizá por eso las escenas artísticas que más crecen son aquellas donde existe colaboración en lugar de competencia permanente.
Donde los artistas asisten a las presentaciones de otros.
Se recomiendan.
Comparten espacios.
Se impulsan mutuamente.
Porque cuando una comunidad creativa crece, las oportunidades también crecen para todos.
Y eso se nota cada vez más en Ciudad Juárez.
En los últimos años han surgido nuevos espacios para la música, el teatro, la comedia, la fotografía, el diseño y muchas otras disciplinas que hoy encuentran en la colaboración una de sus principales fortalezas.
Al final, el talento sigue siendo importante.
Pero el camino rara vez se recorre solo.
Muchas veces comienza con una conversación, una recomendación o alguien que decidió creer en el trabajo de otro.
Porque el arte puede nacer desde una sola persona.
Pero las escenas culturales se construyen entre muchas.









