Dentro del Instituto Municipal de las Mujeres de Ciudad Juárez existe una sala llamada Mujeres que Luchan.
Y en una de sus paredes hay un mural que no está hecho únicamente de pintura, colores o diseño.
Está hecho de nombres.
El mural se llama “Firmas en la Lucha” y funciona como un reconocimiento a mujeres que, desde distintos espacios, han abierto camino para otras mujeres en la ciudad.
Este 2026 se realizó la tercera edición del mural, sumando a 59 nuevas mujeres el pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Con esta incorporación, el muro llegó a un total de 159 firmas.
Pero lo más interesante no es solamente el número.
Es lo que representa.
En este mural aparecen mujeres de distintos ámbitos: maestras, activistas, empresarias, estudiantes, funcionarias públicas, trabajadoras de la industria maquiladora y muchas más. Mujeres que quizá no siempre se nombran a sí mismas como “luchadoras”, pero que todos los días hacen algo para abrir espacios, sostener redes, acompañar procesos o impulsar a otras.
Y ahí está una de las partes más poderosas del ejercicio.
Durante las develaciones del muro, muchas de las participantes han compartido lo difícil que fue reconocerse como mujeres que luchan. No porque no lo hagan, sino porque muchas veces el trabajo de las mujeres se normaliza tanto que deja de verse como algo extraordinario.
Una maestra que educa también transforma.
Una empresaria que abre espacios para más mujeres también abre camino.
Una estudiante que participa, una activista que acompaña, una trabajadora que sostiene a su familia o una funcionaria que impulsa cambios desde su trinchera también forman parte de una lucha más grande.
“Firmas en la Lucha” recuerda precisamente eso.
Que la lucha de las mujeres no ocurre solamente en grandes discursos o momentos históricos. También sucede en lo cotidiano. En las aulas, en las oficinas, en las maquilas, en los hogares, en las calles y en cada espacio donde una mujer decide no avanzar sola, sino dejar algo para quienes vienen detrás.
Por eso este mural tiene un valor especial.
Porque no solo reconoce trayectorias.
También invita a mirar con más atención todo lo que las mujeres hacen por otras mujeres en Ciudad Juárez.
Y quizá esa sea su mayor fuerza: convertir una firma en memoria, una pared en testimonio y un nombre propio en parte de una historia colectiva.
Porque cuando una mujer se reconoce como alguien que lucha, también puede inspirar a otras a reconocer su propio camino.









